Hacia el inicio de la IV Legislatura en el Distrito Federal el Partido de la Revolución Democrática, (PRD) en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, optó, a través de una Iniciativa de Ley, vigente desde el año 2007, despenalizar el aborto hasta la semana número 12, sin importar cuestionamientos por parte de varios sectores de la sociedad que señalaban que ello significaba arrebatarle la vida a un ser indefenso, la puntilla la vino a dar la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), al convalidar con ello el homicidio de un ser inocente alegando que no observaba nada de inconstitucional, en el hecho de masacrar a una persona que ya se encuentra gestándose, y por ende, con vida.
Hoy hacia finales del año 2008, el mismo partido, el de las incongruencias por excelencia en México, pretende ahora echar a andar una Iniciativa de Ley en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en la que se “rente” el útero de un sujeto “A” para albergar vida, posibilitando dar la oportunidad a un sujeto “B”, que no tiene posibilidades de tenerlos “per se” de alcanzar el sueño de poder tener un hijo.
Solo en una Ciudad donde en ocasiones se legislan incongruencias, se pueden convalidar las mismas con acciones de gobierno, y más tarde en ofrecer políticas públicas que generan un abanico de problemas antes que una disfrazada, y por supuesto supuesta solución.
¿Por qué, en vez de permitir que se “presten” los úteros y con ello se abra a la posibilidad de dar auge a otra problemática, como por ejemplo, a un mercado negro de nuevos seres humanos, no se abocan mejor de una manera concienzuda y puntual a desregular lo que concierne a la materia de la adopción?
¿Qué es lo que puede aducir ahora un sector de la izquierda en México? Si primero autoriza quitar vida y luego autoriza crearla. ¿Bajo que argumentos políticos, jurídicos y éticos pretenden ahora defender al nuevo ser gestándose en el útero “prestado”?
¿Ahora cuál sería la defensa legal que se le haría al nuevo ser, si quién “presta” el útero, por cualesquiera circunstancia, decide, antes de la semana 12 unilateralmente romper el acuerdo de albergarlo, y toma la decisión de abortar a un ser que no es suyo y por el cual obviamente no tendría porque sentir ninguna pertenencia ni moral, ni sentimental, ni emocional, ni física?
¿Qué haría la “justicia” si también, por cualquier circunstancia durante los tres primeros meses quién solicitó le fuera “prestado” el útero decide ya no quererlo o fallece ésta, y entonces quién está albergando a ese nuevo ser decide ya no tenerlo, sea antes o después de la semana número 12?
¿Por qué en vez de llevar a cabo una nueva regulación, repito, mejor no se desregulan las leyes que se encargan de otorgarle certeza a las adopciones para hacer estas más sencillas y expeditas?
¿Por qué en vez de arrancarle la vida a un nuevo ser dentro de estas fatídicas 12 semanas mejor no se lleva a cabo la creación de un Banco de Datos eficiente y eficaz, –ya que tendría que funcionar de manera perfecta en un lapso no mayor a las 12 semanas,– de todas aquéllas mujeres que ya tomaron la decisión de no tener al nuevo ser y vincularlas mejor con quienes sí lo desean, pero no tienen posibilidad de tenerlo, y mejor así brindarles la oportunidad de tener un hijo?
Obviamente esto último resulta demasiado congruente en una ciudad surrealista, con normas en ocasiones casi bizarras, donde primero se decide no defender el derecho primigenio a la vida y después se pretende otorgar garantías, derechos y obligaciones de cuidado, a un nuevo ser que se encuentra en proceso de gestación sea antes o sea después de las primeras 12 semanas.

Posted on diciembre 5, 2008 poranalistacritico
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